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José Carlos Somoza pervierte el arte de la narración en "Tetrammeron"

JOSÉ CARLOS SOMOZA | 26 de abril de 2012

El escritor José Carlos Somoza posa hoy en el transcurso de una entrevista con Efe con motivo de la publicación de su nueva novela, "Tetrammeron", una metáfora del paso de la infancia a la madurez que emplea como hilo conductor una serie de perturbadoras historias narradas por cuatro extraños personajes, y en el que están reflejadas todas las "obsesiones" del autor. EFE

Madrid, 26 abr (EFE).- José Carlos Somoza ha decidido en su undécima novela homenajear a la tradición oral, y lo ha hecho a su particular manera con "Tetrammeron", una metáfora del paso de la infancia a la madurez que emplea como hilo conductor una serie de perturbadoras historias narradas por cuatro extraños personajes.

"Creo que están reflejadas todas mis obsesiones", explica el autor en una entrevista con Efe.

Porque los cuentos que dan forma a "Tetrammeron" permiten "rastrear" toda la trayectoria literaria previa de Somoza. Son, en palabras suyas, "una especie de resumen" en el que sus lectores reconocerán temas y símbolos de novelas como "Clara y la Penumbra" o "La Dama Número Trece".

Todo es simbología en esta novela de Somoza, comenzando por el nombre de la protagonista, Soledad, una niña que se siente invisible a su familia, a sus compañeras, a sus maestras, y que durante una excursión topa con cuatro misteriosos personajes que cuentan historias en torno a una mesa.

Escuchando las perturbadoras narraciones del cuarteto, muchas rebosantes de horror, la joven va dejando atrás la niñez. "En el fondo no la veo como una obra en la que haya una niña pervertida, sino veo un paso simbólico de la protagonista hacia otro nivel", puntualiza el escritor.

Por ello, no lo considera "un ejemplo típico de la maldad dirigida hacia el inocente", aunque precisa que "el fin de todo niño es terminar destruido".

Una frase que conviene matizar: "Tetrammeron cuenta esa destrucción por la que todos pasamos para llegar al sentido de lo que es el adulto, la madurez. Una transformación siempre lleva consigo una parte de pérdida de las cosas que antes se tenían, de lo que se era".

Precisamente en ese paso de la infancia a la edad adulta jugaban un importante papel los cuentos que los padres leen a sus hijos, una tradición que está desapareciendo, a juicio de Somoza.

"Los cuentos eran lo único de lo que los niños disponían para poder dar un paso dentro de ese mundo adulto. No olvidemos que la mayoría de los cuentos que oían eran contados y escritos por adultos. Son casi como instrucciones para que el niño sepa lo que va a encontrar en la vida... Los lobos, los ogros, las princesas y los duendes", reflexiona.

Aquellas historias recogían símbolos, personajes y roles universales en los que toda cultura se puede reconocer. Y ocurre exactamente lo mismo en el caso de emociones como el horror y la perturbación, "el lenguaje más universal que hay" y el que más interesa literariamente a este escritor.

"La mayor parte de las actividades humanas conllevan parte de ese sentimiento de horror, de perversión. Incluso las actividades más inocentes cuando nos gustan tememos perderlas, siempre está ahí el sentimiento de pérdida, de desaparición, de muerte", sostiene.

Somoza defiende que esos sentimientos, casi siempre percibidos de forma negativa, no son sino "la otra cara de la moneda de los sentimientos humanos".

"Cuando uno ama uno teme perder lo amado, y de hecho al final lo termina perdiendo sea como sea... Me gusta indagar en la otra cara de la moneda, no la de arriba, la más brillante, sino la de abajo, más oscura pero también muy real", agrega.

Tan real como la crisis económica que ahora mismo atraviesa España, y que aunque a corto plazo es obviamente "terrible", a largo plazo será positiva en términos de creación literaria: "Creo que habrá grandes obras en el futuro que sabrán reflejar los momentos duros de hoy", aventura.

A la vez que presenta "Tetrammeron", José Carlos Somoza da los últimos toques su siguiente novela, la número doce, y disfruta mientras siente cómo amaina "ese delirio" que le entra cuando escribe, mientras adelanta que la trama "tiene mucho que ver con el momento, con la vida actual, y al mismo tiempo es una historia bien rara".

Las tramas imposibles no son novedad en el caso de Somoza, pero sí lo es un "giro hacia lo emocional" que comenzó a percibirse en su novela previa, "El cebo", y que se aleja de sus libros anteriores, "basados en cuestiones casi textuales y con la emoción metida dentro de la gramática".

"Conforme he ido avanzando me he dado cuenta de que me iba volviendo más emocional", asevera.

Y concluye: "No sé si será la edad...".

Lorena Cantó

Cultura