Zona afectada por el incendio en As Fragas do Eume el pasado mes de abril donde se ven partes quemadas y el bosque autóctono del parque natural. EFE
Santiago de Compostela, 12 may (EFE).- Tras superar los peligros derivados del arrase de un incendio devastador, el parque natural de las Fragas do Eume inicia una nueva etapa: la de la recreación de un entorno natural único en la costa atlántica europea.
"La fase más crítica tras el incendio, con el peligro de erosión por las lluvias, ha pasado", explicó a Efe un portavoz del servicio provincial de este departamento de la Consellería de Medio Ambiente.
La Administración gallega tratará ahora de "implicar" a los dueños para repoblar con especies frondosas autóctonas, como robles, abedules o castaños, allí donde se quemaron eucaliptos y pinos, que son ejemplares foráneos.
Responsables de la Dirección Xeral de Conservación da Natureza iniciarán la próxima semana los contactos con los propietarios de parcelas afectadas por el incendio en el Parque Natural de As Fragas do Eume para planificar la "recreación" del antiguo bosque.
El complejo forestal "es de propiedad privada en un 79%", por lo que la complicidad de los titulares en la elección de especies frondosas, que responden a la fisonomía tradicional de las fragas y son más resistentes al fuego, es crucial, explica un responsable provincial de Conservación da Natureza.
Las fincas afectadas se identificaron en el Catastro con la colaboración de los municipios. En los primeros contactos iniciales con los dueños "en ningún caso nadie se ha negado" a repoblar con ejemplares autóctonos, explican desde la Xunta.
Los técnicos consideran ideal devolver la vida a las zonas calcinadas con una "mezcla de diferentes especies", a través de "un semillado masivo". Los árboles que logren arraigar en la tierra comenzarían a competir entre sí bajo el control de un equipo de ingenieros forestales, biólogos, edafólogos, técnicos de conservación y expertos de la universidad.
Allí donde no prosperasen las plantaciones, se efectuarían nuevas siembras.
El proceso sería como convertir en una especie de laboratorio biológico las 370 hectáreas de mayor valor ecológico atacadas por las llamas (de un total de 750).
Otras de las preocupaciones de los expertos de Conservación de la Xunta es "estar atentos a la reproducción de los eucaliptos", una especie colonizadora y de crecimiento muy rápido, en las zonas dañadas.
Los trabajadores forestales retirarán los brotes de este árbol, que prevén aparezcan en abundancia, ya que a raíz del incendio "las semillas cogen calor y salen como disparadas".
El proceso de reforestación en las zonas arrasadas no es sencillo, reconocen desde la Administración, pero "dejando a la naturaleza que haga este trabajo", la otra vía posible, "se perderían años".
No obstante, pasarán meses antes de acometer las plantaciones. Antes, los efectivos forestales habrán de cortar y retirar los árboles quemados, de los que técnicos de Medio Ambiente están actualmente haciendo un inventario.
Esta fase de talas podría comenzar en dos meses, una vez que el suelo haya ganado firmeza totalmente y no existan peligros de arrastre y erosión, que eran las preocupaciones más inmediatas de los responsables del complejo tras el incendio.
Los troncos y rastrojos de solo 90 de las 370 hectáreas abrasadas en la zona del parque natural de mayor valor ecológico se podrán sacar de manera mecanizada. Se trata "mayoritariamente" de eucaliptos y pinos de la zona alta.
Otras 100 hectáreas exigirán medias especiales (corta manual y saca arrastrada). La superficie más extensa, las 280 restantes, obligará a talar y retirar a mano eucaliptos que han quedado aislados entre masas de especies frondosas.
La retirada de los árboles dañados tendrá lugar después de que ya se haya controlado la filtración y arrastre de cenizas, especialmente dañinas si llegan al río Eume. Hay que recordar que algunas zonas del parque tienen un desnivel de hasta 60 puntos.
Para fijar el suelo, además de árboles se cultivarán cereales. "Un vecino nos cedió 200 kilos de trigo del país, lo vamos a extender para sujetar el suelo", apunta un responsable provincial de la Xunta.
Además, desde la semana siguiente al incendio seis estaciones de control a lo largo del río controlan el caudal del Eume en tiempo real, y remiten datos cada diez minutos, para activar la alerta si aumenta la acidez de las aguas.
"La parte más noble del parque, la zona de fraga", explican desde Conservación da Naturaza, "se va a regenerar de forma natural". En esta zona más húmeda y sombría se quemó solamente "matorral y hojarasca" del suelo. El fuego pasó rápido y no dañó las copas, a diferencia de las zonas más dañadas, que fueron la "superficie de eucaliptales de las zonas altas" de los municipios de A Capela y Monfero.
"El banco semillero natural ya empieza a verdear y se está sujetando", celebran los técnicos.
El peligro de erosión va cada día a menos. Después de las primeras semanas, en las que llegaron a recogerse "200 litros por metro cuadrado", "la lluvia cada vez tendrá menos importancia", incide el portavoz de Medio Ambiente.
Las barreras de retención para evitar arrastres desde las pendientes a los arroyos y al río, "elaboradas con fibras de coco biodegradable", así como las redes de drenaje en los riachuelos y los filtros geotextiles en las cunetas, han logrado evitar daños a los ecosistemas acuáticos, que los especialistas veían en peligro a causa de la posibilidad de que las aguas del cauce se acidificasen por la caída o filtración masiva de ceniza.
Evaristo Amado Fernández
